Cine y deporte

La presencia del deporte en el cine ha ido creciendo en las últimas décadas. Me refiero a las películas de ficción o que recrean algún hecho histórico. Es verdad que en los primeros tiempos del celuloide numerosos documentales e incluso películas de tipo técnico se ocuparon de uno de los fenómenos sociales del siglo XX. Igualmente, los Juegos Olímpicos nos han legado maravillosas escenas que fueron inmortalizadas por las cámaras en auténticas obras maestras del documental, como la de Berlín, la de Los Ángeles o la de Barcelona.

Desde este blog de la Academia nos gustaría llamar la atención sobre escenas; sobre alguna parte de un film e incluso sobre películas completas, que pueden ayudar y prestar una gran contribución a vuestra educación deportiva, y seguramente podréis aplicar a otros ámbitos de vuestra vida . Lo hacen de una manera entretenida, divertida y acercándonos a historias que de alguna forma hemos vivido o viviremos en el seno de nuestros equipos o simplemente como deportistas.

Película “Hoosiers, más que ídolos.

hoosiers

Los  jugadores deben funcionar como uno solo. Ningún jugador es más importante que el otro. Equipo, equipo, equipo”.

Noman Dale, entrenador de Hickory, en la película “Hoosiers, más que ídolos”

 

Así termina Hoosiers, una de las películas que refleja mejor como se construye un equipo. Un viaje desde lo individual a lo colectivo que nunca acaba.

Basada en hechos acontecidos en 1954 nos cuenta la historia de un equipo de baloncesto que supo llegar a la final estatal. En relación con lo que sucedió en realidad, hay cambios sustanciales con el objeto  de adaptarla mejor al cine y lograr transmitir  intensamente la épica deportiva que “transpira”  por medio de sus personajes. Es por ello que algunos aspectos pueden resultar exagerados para la mayoría de espectadores , sin dejar de gustar. Sin embargo, para los que hayan hecho deporte, vivido el seno de un equipo o experimentado victoria y derrota , es creíble y te hace revivir recuerdos.Instantes.Momentos.

Hickory. Indiana, 1954.  Una población del interior del estado y un pequeño instituto, de esos que hemos aprendido a identificar a través de las películas y para los que sus equipos deportivos son su máxima expresión de identidad y pertenencia.

Los ojos, y sobre todo, la mirada de un nuevo entrenador, nos cuenta desde que llega lo que sucede alrededor del equipo de baloncesto del instituto. Un entrenador con pasado. Duro, exigente y obstinado. También impulsivo, introvertido y solitario. Pero sobre todo, un buen entrenador, que va a trasmitir a sus discípulos disciplina, esfuerzo,  confianza y orgullo. También baloncesto y como aprender a ganar desde el trabajo de equipo para los que  todos son válidos: altos y bajos; buenos y menos buenos. Durante el transcurso de la película se nos muestra la construcción de un equipo, desde el principio, cuando tan sólo es un proyecto de Norman, hasta el final, cuando es la realidad de todos: los jugadores, el instituto, los padres, ..todo el pueblo.

Es un viaje que han recorrido muchos técnicos. Del yo al nosotros. Del individuo al colectivo. Es una búsqueda permanente por encontrar la “magia” que tiene escondida todo grupo detrás de sus miembros, y que sólo se manifiesta cuando son capaces de jugar y trabajar juntos.

También es una historia de redención y segundas oportunidades.

Hay quien ha querido ver en la película paralelismos con la vida de un gran entrenador , Bobby Knight, precisamente de Indiana, el cual tuvo algunos problemas en sus comienzos y luego logró ser uno de los entrenadores más afamado de basket colegial  y universitario norteamericano. No tengo esa certeza. Lo que sí está claro en la película es que “el viejo entrenador” oculta su pasado y encuentra en Hickory una seg

unda oportunidad para redimirse de su pasado. Y no sólo él. También su ayudante en una lucha diaria contra el alcohol. Los jugadores que se van y vuelven. La estrella del equipo. La profesora, e incluso los padres, que añoran “lo que nunca sucedió” y depositan en sus hijos la esperanza de que realmente suceda.

Hay escenas memorables. No me refiero a la calidad cinematográfica, que pudiera serlo. Más bien a la carga emocional que contienes y lo que trasmiten en forma de enseñanzas y valores.

Algunos ejemplos.

El primer día de entrenamiento; la presentación del equipo antes de comenzar la temporada; el regreso del jugador “estrella” que no quería jugar; la llegada al pabellón de la final midiendo el campo y la altura de las canastas; la charla antes del último partido y muchas más. Dejo para el final el último tiempo muerto, ejemplo de confianza, de autoestima y de fe de unos jugadores en sí mismo y en lo que hacen.

Si a todo ello. Añadimos una buena banda sonora que acompasan las emociones; una buena escenografía y buenos actores, encabezados por Gene Hackman, tenemos una magnífica película de deportes, y sobre todo, magníficas lecciones para todos los que estamos de alguna forma implicados en él.

Película  “Friday night lights”
Friday.2

Otra película basada en una historia real que cuenta la vida de un equipo de jóvenes, los Permian de Texas. Un instituto americano en una ciudad perdida en el desierto donde lo más grande que tiene es su equipo de football. Quizás una película más. Quizás una película diferente. Va a depender de cómo la veamos, y sobre todo como la miremos. Qué diálogo seamos de establecer con los personajes y como influyan en nuestros pensamientos.

En realidad cuenta muchas  cosas. El deporte como actividad humana se puede vivenciar de muchas formas. Para algunos es simplemente un tiempo de transición, una actividad más dentro de una vida. Para otros, es una oportunidad de ser, de crecer como individuos y sentirse alguien. Para los menos, lo es todo.

Desde elinicio y durante el transcurso de la película desfilan ante nosotros personas y personajes que se repiten en muchos largometrajes donde el deporte es el hilo conductor pero no el único.

El perfil psicológico de los jugadores responde a los que podemos encontrar en un vestuario cualquiera de un deporte cualquiera en un fin de semana cualquiera. Es lo más válido de la película: mostrar algo común, real, cotidiano y con lo que nos podemos identificar todos y todas los que hayamos formado parte de un equipo.

Un equipo son momentos, experiencias, pero también lugares , espaciosUno de ellos tiene categoría de “santuario” el vestuario, el cual traspasa los límites físicos y se extiende más allá. No son cuatro paredes. Es la concreción, el punto donde coinciden, las interrelaciones de todos los  miembros de un grupo deportivo. Donde se juramentan los deseos colectivos partiendo de las aspiraciones individuales, siempre muy diferentes, confusas, variadas…El líder informal. El mudito. El gracioso. El gruñón. El individualista. El negativo. El superoptimista. El tristón. El veterano. El novato. El titular indiscutible. El que nunca se viste. El “especialista” del banquillo. El que nunca habla. El que nunca se calla. El que siempre duda.

Son muchos los personajes de la película pero se centra en unos pocos.

El entrenador. Líder conductor del grupo y que cuenta desde una perspectiva distinta a los jugadores, padres  o aficionados lo que está pasando. Nos muestra la “soledad” a la que muchas veces se enfrenta un entrenador, siempre en medio del equipo, y otras, alejado de él. Aislado en sus dudas de como hacer lo mejor posible su trabajo.

El jugador estrella , soberbio, orgullosos de sí mismo, sobrado de auto estima, en  el que todo el mundo confía pero al que una desafortunada lesión romperá en mil pedazos, no sólo su rodillas, también sus deseos, anhelos y aspiraciones.

El jugador que realiza labores más bien oscuras, poco reconocidas, por lo menos para el espectador, pero sin que sería posible que un equipo funcione. Duda si merece la pena, porque llega a dudar de sí mismo. Más, si tiene un padre excampeón que proyecta sus frustraciones en su hijo por que no responde a sus expectativas como jugador. Hay más. Los que tendrás que descubrir viendo la película.

Las  escenas deportivas están técnicamente muy bien realizadas. También, cargadas de emoción y cierto dramatismo, como cuando se lesiona por segunda vez Boby o el padre “frustrado” agrede a su hijo delante de sus compañeros. Hay buenos diálogos que invitan a la reflexión sobre el mundo del deporte, la educación, las relaciones humanas. Es verdad que desde la perspectiva de la sociedad norteamericana pero donde podemos encontrar ciertos paralelismos.

Si tengo que elegir me quedo con la última escena. En el vestuario. Lugar de encuentro y depositario de todas las personalidades del equipo. Me quedo con los gestos, las miradas, las complicidades, de todos los que pertenecen a los Permian Panthers. Y sobre todo me quedo con las frases del entrenador que se detiene en valorar lo que realmente importa de esos momentos que viven antes del partido definitivo.

¿Qué es ser perfecto?

No trata sobre el resultado. Tampoco  sobre ganar o perder. Trata de nosotros. Sobre nosotros y la relación con nosotros mismos, nuestras familias y nuestros amigos. Ser perfecto es mirar a nuestros compañeros a los ojos y que vean en ellos que lo dimos todo. Que no les hemos fallado.

Participa:

¿Compartes está idea con el entrenador?

Comenta que es para ti “ser perfecto” en deporte.

 
Película Coach Carter

Coach Carter. Cuenta la historia de un instituto de un barrio marginal que tiene su equipo de baloncesto. En él desembarca un nuevo entrenador, un antiguo alumno del centro al que la vida ha sonreído. No deja de ser  una excepción, pues el futuro de los jóvenes del lugar es ser “carne de cañón” y gente con un futuro más o menos predeterminado: ser parias y ocupar los niveles más bajos de  eso que llamamos como “clases sociales” y con la que “clasificamos” a los seres humanos.

El nuevo Coach, desde un principio, tiene muy claro su gran objetivo: contribuir a la educación de los chicos por medio del deporte. En concreto el baloncesto. Utilizar el deporte como agente de trasmisión de hábitos y valores que sirvan a sus jugadores para ganar el partido más importante que jugamos: nuestras propias vidas. Exactamente lo que pretendemos con nuestra Academia de Balonmano.

Puede ser un argumento de numerosas películas pero hay novedades. Nada más llegar les hace firmar un acuerdo, a modo de “contrato pedagógico”, por el cual los alumnos se comprometen, además de a jugar, a mantener una media académica que les permita acudir a la universidad o, como mínimo, graduarse en los estudios y obtener una capacitación mínima. Esto es importante. Les inculca disciplina, esfuerzo y sacrificio no solamente en entrenamientos y partidos, también en el aula. Les enseña técnica y táctica, les hace crecer como jugadores con el propósito real de que mejoren como personas y tengan un futuro menos incierto. Les hace ver la importancia de conciliar la vida académica con la práctica del deporte.

Cuando los chicos no cumplen con lo pactado y son infieles a su compro- miso, decide no dejarles jugar hasta que cumplan lo firmado. Su mensaje, meridianamente claro, choca con la incomprensión del centro, de los padres y de algunos de sus compañeros pero, sin embargo, recibe finalmente el respaldo de su equipo de “jugadores”, logrando su primera gran victoria: que los chicos entiendan y comprendan que hay cosas mucho más importantes que ganar o perder un partido de cualquier deporte.

Hay un partido más importante, el de la vida, y hay que prepararse de prepararse y capacitarse para que cada uno sea protagonista de su propia del mismo. No será fácil encontrar un trabajo, y menos aún uno que les satisfaga y al que vayan con vocación de aportar.

El deporte es una muy buena herramienta para aprender a luchar, a crecer, a avanzar; pero de la educación y la cultura para os hará libres y dueños de vuestro destino. Al igual que a los jugadores se les pide que controlen el ritmo de un partido, que controlen el transcurso del mismo, deben hacer lo mismo con sus biografías, escribiéndolas y siendo protagonistas. Y cuando las cosas no salgan, o se enfrenten a derrotas inesperadas, poseerán algunas vivencias para levantarse y seguir adelante. En la vida no hay ni vencedores ni perdedores eternos. Hay que aprender a sobrellevar los malos momentos.

En la película, el partido final lo pierde el equipo protagonista por una canasta. En nuestra experiencia cotidiana se escapan oportunidades por pequeñas cosas o se alcanzan otras in extremis . El deporte es como la vida misma, y la actitud que elegimos ante ella es la que nos va a otorgar más o menos posibilidades. Éstas serán mayores si nos preparamos mejor. Eso es lo que nos dicen los minutos finales de la pelicula. Perdieron un partido pero ganaron un futuro en forma de becas para universidades y continuidad en sus estudios, haciéndole un dribling al destino, que parecía escrito.

El Señor Carter llevó a su equipo a ganar su mejor campeonato: ser buenas personas y ser buenos ciudadanos es decir, comprometidos en mejorar su entorno próximo y el de la gente que conviva con ellos.

La educación a través del deporte es una gran herramienta, que en tiempos de incertidumbre, inestabilidad y desesperanza debemos utilizar.

La Academia de balonmano es por lo tanto una escuela de deporte pero también de preparación para una meta más importante: ser protagonistas y dirigir nuestras propias vidas, contribuyendo a nuestra felicidad y a la de los demás.

Por Akademos

Película Carros de fuego (1984)

Hoy queremos hablar de una de las más emblemáticas, tanto por su calidad como por lo que nos cuenta. Una historia real que nos sitúa en los albores del deporte, cuando su práctica era todavía muy reducida y las motivaciones muy alejadas de los modos actuales. Me refiero a “Carros de Fuego”

«Loemos a aquellos hombres famosos y a los padres que los engendraron…». Así comienza una de las películas que, desde mi punto de vista, marcó un antes y un después en la filmografía deportiva.

Desde nuestro de vista, además de su incuestionable calidad en muchos aspectos, tiene una gran carga pedagógica, la cual se refleja en numerosas escenas que recuerdan y reivindican los valores deportivos. La banda sonora de la película, himno al deporte que nos regaló Vangelis en forma de moderna sinfonía y que tuvo un lugar destacado en la inauguración de Londres 2012, es el perfecto fondo musical a la historia de unos atletas jóvenes que viven con la máxima ilusión la posibilidad de participar en los Juegos Olímpicos de 1924 en París. A través de ellos nos adentramos en los orígenes del deporte moderno, en el concepto de amateurismo, en la importancia de los clubes ingleses de principios de siglo; en el espíritu más puro de los Juegos. Pero también se deja ver la posible utilización de los atletas, los tintes racistas de la sociedad británica, la religiosidad o el clasismo de la sociedad de la época.

Más allá de la incuestionable estética de la película, queremos profundizar  en lo ético. Los personajes encabezados por los dos protagonistas, Harold Abrahams y Eric Liddell, nos muestran las raíces de la condición humana: convicción, compromiso, determinación, soberbia, orgullo, coraje, fe, frustraciones, espíritu de superación, etcétera, a través de la práctica deportiva. Sólo un fin: superarse, ser mejores. Nos cuenta cómo la preparación, el entrenamiento, la convivencia, afectan a cada uno de manera diferente, pero a todos les modela el carácter, los cambia y modifica su personalidad. Los educa y los forma. Una educación basada en el esfuerzo, en la auto disciplina, en las creencias, en el respeto, en la excelencia y en la estima propia y de los demás. Nos muestra jóvenes, en muchos casos egoístas y muy ambiciosos, pero en otros solidarios, generosos y muy tolerantes con el prójimo.

Podemos encontrar muchas situaciones que viviréis día a día en vuestra Academia de Balonmano. Experiencias que infieren valores para todos nosotros. Por ejemplo, cuando ya están en los Juegos, Liddell, pastor protestante, predica en un templo y habla de los marginados, de los desprotegidos, de los que siempre pierden. Al mismo tiempo por la pantalla desfilan escenas de derrotas deportivas, de atletas que llegan últimos o no consiguen sus objetivos, dejándonos un maravilloso alegato sobre lo educativo y formativo que hay en la derrota. Derrotas que no son transcendentes y que preparan al individuo para otros fracasos más importantes y que más tarde o más temprano tendremos que afrontar a lo largo de nuestra vida.

De la misma forma se nos muestra la admiración de un contrario por su máximo rival. O la solidaridad de un compañero, al ceder su prueba para que otro pueda correr en su lugar.

También podemos ver la humildad del entrenador, olvidado y poco valorado lejos de la arena del estadio por ser non grato, o la vivencia del éxito en una euforia contenida y poco comprendida por los que rodean al vencedor.

Todo esto y más se puede ver en la película, adornado con las vestimentas e indumentarias de la época, las formas de entrenamientos naturales o la preparación más sofisticada que se podía tener entonces.

Hay otras muchas películas con esta temática y en este blog nos dedicaremos a hablar de algunas de ellas. Tras las historias más o menos edulcoradas podremos atisbar aspectos que contribuyen de forma muy positiva a la formación de nuestros chicos y chicas y que no deben ser despreciadas.

Por otra parte, y como mero entretenimiento, a cualquiera que le guste el cine le dejará un recuerdo imborrable, y siempre podrá visualizar con su imaginación la carrera con pies descalzos, por una playa escocesa de «aquellos hombres jóvenes que llevaban alas en sus pies y esperanza en sus corazones».

The End.

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