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En un mundo dominado por el fútbol…

 

 

¿Qué es lo que lleva a un jugador de balonmano a entrenarse,  a superarse, a levantarse y seguir luchando después de una derrota? Muchas veces nos lo preguntamos. Tiene que haber algo no percibido. Algo intangible, invisible, que no es fácil detectar. Algo por encima de ellos mismos.   Puede ser ambición u orgullo. También egoísmo, deseos o anhelos que cumplir. Búsqueda de reconocimiento, autoestima o gloria. Deseos de triunfo, afán de superación o de alcanzar metas lejanas.

Me inclino por pensar que hay algo más. No sólo lo hacen por ellos. Lo hacen, sobre todo, por amor al deporte, y en ello, ponen todo su ser, hasta el punto de transmitirnos parte de lo que ellos sienten y hacernos compartir sus momentos. Hacen que nos identifiquemos con una experiencia externa a nosotros, ajena al yo y, sin embargo, que la hagamos en parte nuestra.

Los jugadores que llegan a la  élite consiguen que otros, menos conocidos y fuera de los circuitos de la fama, se entrenen cada día con la firme intención de imitar a sus ídolos y progresar en su rendimiento. Trasmiten enseñanzas y valores que, incluso para un padre, un profesor o un entrenador, son difíciles de inculcar. Saben la admiración que levantan y  la utilizan para “seducir” a los jóvenes. Los atraen . Les “invitan” a  compartir  los mismos sueños y anhelos que  un día tuvieron y han logrado cumplir.

Muchos de estos balonmanistas de élite tienen detrás una historia de éxitos personales. Durante años han desarrollado confianza, autoestima y un estimable afán de superación. Otros, se han ido forjando a base de caídas, de derrotas más o menos útiles y de fracasos. Cualquier deportista, por exitoso y fuerte que sea, es ante todo una persona de carne y hueso, y los malos momentos son también parte sustancial  de su biografía. Son instantes donde aparece la inseguridad, la incertidumbre, el estancamiento, los límites y las ganas de abandonar. Son los instantes menos conocidos y más difíciles de llevar. Aquellos quienes los enfrentan adecuadamente, conscientes de los que les pasa   – de sus posibilidades y de sus limitaciones-, son los que salen adelante y   alcanzan las metas.

He sido y soy entrenador de muchos jugadores y jugadoras. Niños y niñas que empiezan, jóvenes en formación, deportistas profesionales, miembros de selecciones nacionales, etcétera. He visto cómo cada día se entregaban a la tarea con el objeto de ser un poco mejor y con la determinación de no cejar en su empeño. He podido constatar lo que les lleva a entrenarse semana tras semana para mejorar la técnica, ser más rápidos o jugar un poco mejor. He intuido en sus ojos lo que les mueve, lo que les motiva… Eso que muchos denominan pasión.

He aquí la respuesta: pasión en lo que hacen y cómo lo hacen.

También una  pasión compartida. Una “compasión” con ellos y con sus logros. Asumimos su experiencia y la hacemos nuestra.

Detrás de  su historia deportiva- todos-, tienen sus vidas personales, íntimas. Muchas de ellas desconocidas para la mayoría de la gente. Algunas hasta dramáticas y cargadas de situaciones que harían a más de uno desistir de cualquier proyecto . A veces, cuando uno de estos deportistas salta a la fama por sus éxitos ignoramos lo que hay detrás. Precisamente  en sus biografías  encontramos respuestas a sus triunfos posteriores. Indagando en sus vidas nos damos cuenta de que los triunfos emanan de un esfuerzo continuo, de sacrificios, de  compromiso y alineamiento vital con lo que se hace; de convicciones profundas y de una inquebrantable lucha contra el desaliento. La medalla es la punta del iceberg de una montaña escalada a trompicones, con más de una caída y llena de obstáculos..

¡¡Y hablamos de los que llegan!!

Hablemos ahora de los que no son primeros, ni segundos ni terceros. De aquellos que dedican el mismo tiempo, los mismos afanes y, sin embargo, nunca llegaron o nunca llegarán. Estos son muchos más. No salen en los medios o no son tan admirados. Sin premios, sin recompensa alguna, sin éxitos, …  y sin embargo, no se rinden.

Todos ellos son ejemplos.

Los entrenadores deberíamos insistir y, sobre todo, poner énfasis en la trastienda de cada vida personal para  extraer material y contenido para enseñar valores e inculcar eso que hemos denominado pasión. Es decir. entrega, concentración, perseverancia, amor por todo lo que se hace, independientemente de las dificultades y de los problemas; ser proactivo y estar dispuesto a vivir con intensidad, incluso, con delirio, lo que se hace y lo que se dice. Vivir apasionadamente, compartir y transmitir sensaciones; llevar adelante nuestras vidas con la dedicación y determinación con la que cualquiera de esos deportistas que admiramos llevan a cabo su día a día.

 

“Que tengas salud y te dediques a la filosofía e inclines a ella a los demás jóvenes; y saluda en mi nombre a los compañeros en el juego de pelota”.

Dionisio de Siracusa

Se dice y se escribe que el Balonmano moderno nació como deporte en el primer cuarto del siglo pasado, como evolución de otras modalidades deportivas parecidas y practicadas en Centroeuropa (Alemania y la República Checa).  Nacieron como  nuevas actividades para mejorar la educación física

Es por ello que hay que dar veracidad a un precedente anterior.

En 1898, Holger Nielsen, profesor de “gimnasia” en un instituto de enseñanza de Dinamarca, , introduce en sus clases un juego nuevo con un balón pequeño, al que se le llamó “Handbol”. Consistía en meter goles en una portería, de manera semejante al fútbol, pero manejando el balón con la mano ¿Te suena? Podríamos decir que Nielsen es el padre del balonmano moderno.

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¿Y si los griegos jugaban a balonmano?

Pero, ¿Y antes?. ¿Alguien práctico o jugó a algo parecido o que pudiéramos considerar los antecedentes del balonmano? ¿También ligado a la educaión y al entrenamiento físico?

Esta pregunta nos lleva irremediablemente a la Grecia antigua, cuna del deporte y como consecuencia, de los Juegos Olímpicos.

La idea más extendidas es que los griegos fundamentalmente practicaban deportes individuales y que los “agones” o deportes colectivos no existían. Sin embargo, ¡¡si que conocían!! lo que hoy llamamos  “trabajo en equipo”. Por ejemplo, sus famosas falanges, ideadas para mostrar en la batalla la unión de las capacidades individuales y lograr la máxima cohesión.

Leemos atentamente:

La idea de la falange en sí no es sólo militar, sino que es una expresión de comunidad entre iguales. Aquel que quisiera destacar(…) saliendo de la fila, ponía en peligro su vida al no tener compañeros que protegieran sus costados y, al mismo tiempo, ponía en peligro a la falange al dejar un hueco por el que puede ser rota la línea”.

 

Este texto podría formar parte del discurso de cualquier entrenador de balonmano o de un manual de dirección de equipo.

Volvamos al ámbito deportivo. Los historiadores nos cuentan que existieron los juegos de pelota en la Grecia clásica, y posteriormente en Roma. Estos juegos en la antigüedad grecolatina fueron muy valorados y se debió en buena medida a la idea, generalmente admitida también hoy día, de “que constituían ejercicios físicos muy completos, adecuados para el desarrollo armónico de todas las partes del cuerpo y aptos para hombres y mujeres de cualquier edad. Posteriormente, Galeno, nos deja afirmaciones como las siguientes:

“Los juegos de pelota deleitan el espíritu, relajan la mente y desarrollan la inteligencia, y son incluso adecuados para el entrenamiento militar, ya que –nos dicepreparan para las dos cosas más importantes que un estado encomienda a sus generales: atacar, y defender lo conquistado”.

Curioso ¿no? Cualquier partido de balonmano muestra rápidamente estas mismas intenciones colectivas de los equipos participantes: conquistar el balón, el espacio e impedir que lo hagan los contrarios.

Sin embargo, y a pesar de formar parte del programa educativo de los jóvenes griegos, estos juegos no formaron parte de los agones olímpicos, donde se valoraba el talento individual, el mejor atleta, por encima del colectivo. Podemos decir que esto redujo su importancia quedando enmarcados en las escuelas y academias y no obteniendo la fama que en la Grecia antigua alcanzaron el atletismo, la lucha, el pugilato o las carreras de caballo.

De todos los juegos de pelotas llama la atención uno de ellos, el Harpastón o phainínda por las similitudes que podemos encontrar con el balonmano actual.

Harpastón o phainínda

¿Qué sabemos de este juego? Empezaremos por el significado de la palabra, ya que nos dará algunas pistas sobre sus características. El término harpastón, significa “agarrar fuertemente” o “arrebatar por la fuerza”, lo que indicaría que un aspecto fundamental del juego consistía en apoderarse de la pelota arrebatándosela al rival, o lo que es lo mismo, ¡¡defensa!!

La otra palabra phainínda se relaciona etimológicamente con el verbo  “engañar” y significaría algo así como “juego del engaño” porque “en el transcurso del juego los jugadores “mostraban” la pelota a los adversarios y les hacían creer que la iban a enviar en una dirección, pero los engañaban y la enviaban a otro compañero o escapaban con ella en otra dirección” como hacen tan a menudo los jugadores actuales de balonmano, por ejemplo. O sea, que sabían “fintar”, engañar con la mirada, falsear las intenciones, o lo que es lo mismo, “jugar con inteligencia” y que forma parte de la táctica individual tanto ofensiva como defensiva.

También era un deporte de contacto y en mayor medida que el balonmano actual. Esto hace que muchos lo hayan considerado una especie de rugby. Nosotros entendemos que, tal como lo describen, puede ser perfectamente antecedente de ambos deportes

Terminamos con un pasaje de una comedia del poeta Antífanes, traducido libremente por el profesor Fernando García Romero del Dto. de Filología Griega y Lingüística Indoeuropea de la  Universidad Complutense, al que agradecemos no sólo esta última aportación, sino la mayoría de las informaciones en las que se basa este post.

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…cogió la pelota y disfrutaba pasándola a uno [un compañero], al tiempo que

esquivaba a otro [un rival]; a otro arrebató la pelota y a otro a su vez hizo

[faltal];  gritando con estridentes voces: ‘fuera, larga, a él, por encima de él, abajo,arriba, corta, devuélvela’[1]

                  Antífanes

                 Por Akademos


[1]Deportes y juegos de pelota en la antigua Grecia”

Fernando García Romero Dto. de Filología Griega y Lingüística Indoeuropea Universidad Complutense

 

Todo el mundo sabe que la selección española de balonmano masculina  ha ganado en los últimos años dos veces el Campeonato del Mundo y que nuestras mujeres han conseguido recientemente  la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos.

Lo han hecho jugando bien y han conseguido la admiración de todos. Siendo esto importante, además han conseguido otra cosa: transmitirnos lo importante que estar unidos; saber compartir; ayudar y dejarse ayudar; esforzarse juntos. Es decir, alcanzar el éxito jugando en equipo.

Cuando colaboramos y cooperamos con otros para conseguir un objetivo común aportamos nuestros conocimientos, nuestras habilidades, nuestras experiencias y las ponemos al servicio del colectivo.

Pero también nos beneficiamos de ello, pues aprendemos muchas cosas de los demás que nos hacen progresar y ser mejores. Incluso nos motiva a  esforzarnos y nos sorprendemos haciendo cosas que seríamos incapaces de hacer por nosotros mismos.

Se trata de conseguir hacer realidad un lema muy famoso: “todos para uno y uno para todos”, en un clima de confianza, de ilusión y de superación que nos hace progresar como individuos y como grupo.

Jugar en equipo en nuestra vida

No sólo se trata de jugar en equipo en el deporte. Hay muchas oportunidades de hacerlo en nuestra vida diaria.

Hay que  tratar de integrarse lo mejor posible y aportar en todos los ámbitos de relación en los que participemos y nos desenvolvemos. Diariamente  jugamos en varios equipos: nuestra familia, nuestros amigos, nuestra colegio, nuestra ciudad, nuestro país… Incluso la humanidad entera debería ser un equipo.

Para ello vuelve a ser importante nuestra actitud.

En los equipos deportivos un jugador puede limitarse a estar, quedarse sentado en el banquillo y mirar, o bien, participar activamente , levantarse y jugar. Es más divertido jugar.

Se trata de hacer lo mismo en “los otros equipos” a los que también pertenecemos. Compartir nuestro vida con otros y colaborar con ellos. Cuanto más lo hagamos más  daremos y más recibiremos, es decir, la esencia de jugar en equipo: aportar y recibir

Por ejemplo, si somos generosos con un familiar, compañero, un amigo  y le tratamos con respeto, nos hace mejores a nosotros y a él.

Es el caso de la selección española de balonmano o en el de tu equipo. Un buen trabajo en equipo, del que estamos tan necesitado en nuestras vidas, refleja la cohesión del grupo por encima de todo; la buena relación entre todos sus componentes; el compromiso con unas ideas y una forma de juego; la convicción de que lo que hacen es lo adecuado y lo hacen bien; la capacidad de adaptación en los momentos difíciles; dar valor al respeto, a la disciplina y al esfuerzo; solidaridad y generosidad dentro y fuera del terreno de juego; confianza en el que tienes al lado; etcétera.

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Uno de los objetivos de la educación debe ser la modificación de ciertos estereotipos que están anclados en el subconsciente. Es el caso de la supuesta supremacía del hombre sobre la mujer que hemos heredado culturalmente y permanece incrustado en forma de “machismo latente”.

De nuevo el deporte se muestra como una herramienta fundamental para actuar en favor de la igualdad de géneros desde los centros escolares.

Podemos decir, que el deporte en tiempos pasados ha discriminado y sigue hoy discriminando, aunque de otras formas, a la mujer. Pero también es verdad que ha sido uno de los ámbitos donde antes, -en primer lugar-, se ha conseguido la concienciación y asunción del problema, y después, se han iniciado acciones concretas para avanzar hacia la igualdad. En la última década se ha conseguido un acceso progresivo de la mujer a la actividad física, un espectacular desarrollo del deporte femenino y numerosos éxitos deportivos relevantes obtenidos por mujeres extraordinarias. Prueba de ello, los éxitos conseguidos de las deportistas hispanas en los últimos Juegos Olímpicos, superando a los hombres en resultados, o la incorporación de mujeres en todos los equipos partcipantes.Todo ello debe englobarse dentro de las conquistas importantes conseguidas por las féminas en el último siglo.

En el año 2006, la Asamblea General invitó a los Estados Miembros, de forma específica, y por primera vez, a que pusieran en marcha programas de deporte que promovieran no sólo la igualdad entre los géneros sino también el “empoderamiento” de las mujeres:

“El entendimiento de que los programas de deporte pueden constituir un medio importante para promover la igualdad entre los géneros ha seguido ganando terreno, en particular desde que se estableció el Año Internacional del Deporte y la Educación Física”.

Las diferencias sociales entre géneros se han reducido precisamente por políticas de discriminación positiva, que han permitido un presente y, sobre todo, un futuro de igualdad más claro.

En el Club Balonmano Alcobendas desde el año 2000 asumimos estas premisas anticipadamente y pusimos en marcha un Plan cuatrienal denominado Mujer y Deporte. Hemos desarrollado dos (2000-2004, 2005-2009) y estamos en el cuarto (2010-2014).

Los planes se han concretado en diferentes programas y proyectos con tres ejes fundamentales:

  • Dotar de los mismos recursos y oportunidades a todos los jugadores y jugadoras de la Escuela, la Academia y campañas,  el Club de Balonmano.
  • Discriminar positivamente a favor de las niñas, chicas y mujeres hasta conseguir una efectiva igualdad dentro de la entidad.
  • Implicar al máximo a todos los estamentos del club para cambiar estereotipos, promoviendo campañas, fomentando la convivencia y favoreciendo las relaciones en igualdad y en armonía.

 

El gran objetivo era precisamente llevar a nuestro ámbito las recomendaciones en políticas de igualdad que han nacido en instituciones supranacionales como la ONU, la UE, etcétera.

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Es verdad que esto no se ha trasladado de forma real y todavía hay un gran camino por recorrer, en especial en el trato en los medios de comunicación, en el patrocinio de las empresas, en la asistencia de espectadores, en la valoración social de la práctica femenina, etcétera. Pero el avance es considerable y en la dirección adecuada. Las causas de que todavía el deporte femenino de alta competición no este a la altura en apoyos económicos está más relacionado con factores comerciales, publicitarios y de seguimiento popular y no porque no sea atractivo. Esto puede cambiar si, como las previsiones apuntan, son las mujeres el sector de población de mayor crecimiento en el consumo de deporte tanto televisivo como en directo, confirmando una tendencia que ya es realidad en la práctica de actividad física.

La participación en actividades físicas relacionadas con la salud, el ocio, la recreación, ha crecido espectacularmente y lo seguirá haciendo en el futuro. El aumento en número y variedad de las especialidades practicadas e incluso el acceso a muchas antes consideradas netamente masculinas y vetadas hasta hora, ha permitido abrir un amplio abanico de posibilidades.

Además de obtener los mismos derechos y oportunidades para realizar cualquier actividad, desde mi punto de vista, una de las cosas más importante conseguida es que la mujer haya podido beneficiarse de los efectos positivos de la práctica de actividad física para la salud. Igualmente se han derribado algunos mitos relacionados con la falta de fuerza, de capacidad o de mayor riesgo para ellas que incluso las ha hecho menos dependientes de los hombres.

La coeducación está presente en nuestros centros escolares y no hay, o no debería haber, diferencias de programación y de actividades entre chicos y chicas. Los  entornos de la clase de Educación Física y el deporte, de forma particular el balonmano,  son magníficos para una educación para la igualdad de género. Compartir, relacionarse, cooperar, jugar, competir, etcétera, conforman una atmósfera adecuada para que entre los alumnos y alumnas se fomente la convivencia y una percepción efectiva de la igualdad entre hombres y mujeres en la práctica deportiva.

La visibilidad social del deporte y su capacidad de movilización de las personas, debe ser utilizada como un magnífico vehículo para construir nuevas relaciones de igualdad, armonía y de equilibrio que pueden extrapolarse a otros ámbitos como la casa, la familia, el grupo de iguales, y más tarde, en la relaciones de pareja, en el trabajo, etcétera.

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Este es el ámbito donde muchos comportamientpos de épocas pasadas deben ser modificados en favor de la igualdad y en contra del sesgo heredado de valoración superior de lo masculino.

Para ello necesitamos como sociedad seguir progresando en cambiar ciertos estereotipos sociales; cambios en la planificación y gestión de las administraciones, federaciones y clubes; cambios en el tratamiento que hacen los medios de comunicación de la mujer en el deporte; un cambio de mentalidad en los patrocinadores(porque el deporte femenino también es atractivo). por romper barreras y facilitar el acceso y la promoción de la mujer en la competición.

Entendemos que esta es la mejor forma de contribuir a que las relaciones entre hombres y mujeres sean en condiciones de equilibrio, y que en este nuevo marco seamos capaces de terminar con lacras como las agresiones, la violencia, el maltrato y el asesinato de nuestras mujeres, y hacer efectivos y reales dos eslogan diferentes pero con un mismo objetivo “Ni una más” y “fin”.

 

En el Balonmano Alcobendas, en nuestra Escuela y en nuestra Academia,  creemos en ello.

 

 

Por Luis Carlos Torrescusa

Piña-solidaridad_José cañeteSiempre he creído que en el deporte hay tres elementos fundamentales: aptitudes, actitudes y oportunidades.

 

Las aptitudes comprenden todas las competencias y habilidades que tienen los deportistas y que son mejorables por el entrenamiento. En el caso de los deportes de equipo, nos referimos a todas las capacidades y cualidades que tiene cada jugador como individuo y también a las que consigue el grupo, fruto de las sinergias del trabajo en equipo. Incluye todo el saber y el saber hacer individual y colectivo. Es el “poder” o “empoderamiento”.

La actitud tiene más que ver con la voluntad, el “querer” hacer. Una buena predisposición a jugar aumenta de forma muy significativa la concentración, la atención, la ambición y la motivación para conseguir los objetivos perseguidos. Es verse por adelantado haciendo las cosas con todas las fuerzas y sin ahorrar ningún esfuerzo. Depende de cada uno y, por tanto, se puede elegir.

La oportunidad surge en el transcurso de la competición. Puede tener un componente aleatorio pero también puede crearse. Uno puede estar esperando a que algo pase o por el contrario provocar que pase. La mayoría de las veces, unas buenas habilidades y la mejor de las predisposiciones para utilizarlas nos permiten estar preparados cuando surgen las oportunidades y, entonces, poder aprovecharlas.

De los tres factores mencionados, el más decisivo, desde mi punto de vista, es la actitud. Elegir y tener una buena actitud. Todos tenemos una buena actitud cuando las cosas van bien, cuando ganamos partidos, cuando somos los protagonistas y todo nos sonríe. Sin embargo: ¿Cuál es nuestra actitud cuando nuestro equipo va perdiendo, cuando los árbitros nos defraudan, los compañeros no lo hacen bien y fallan, o cuando el entrenador nos increpa o jugamos contra un rival al que consideramos de “antemano” inferior?

La actitud se puede elegir. Hay quienes optan por una actitud de compromiso, de entrega, de sacrificio, logrando sumar de forma exponencial las aptitudes de cada uno de los integrantes de su equipo para multiplicar las habilidades individuales y colectivas. Sin embargo, otros pueden confiar plenamente en sus capacidades, en su “poder”, y elegir una actitud cumplidora, relajada, confiada que puede mermar mucho el posible potencial del talento de una persona o un grupo.

Un equipo necesita el 100% de cada uno de sus integrantes. No se puede jugar al 40 %, al 50% o al 60%. Nunca se debe permitir que un jugador deje el 40 % de su talento, de sus ganas o de sus fuerzas en el vestuario o regule su actitud en función del adversario. De nada sirve ser el mejor o tener buenas competencias en cualquier tarea si no tienes toda la voluntad y la motivación por utilizarlas. Para poder primero hay que querer.

En un equipo de balonmano, la actitud también es colectiva. Al igual que existe sincronía y sinergias cuando hablamos de capacidades, también existen cuando hablamos del “querer”. En un equipo hay que conseguir que 1+1 siempre sea más que dos. Es decir, que la suma sea mayor que las partes. Pero a veces ocurre lo contrario, que la suma sea menor, que 1+1 sea incluso menos que dos. La actitud colectiva es una actitud compartida que influirá en los resultados de todo un equipo. Es más, una buena o mala actitud nos mostrará la tendencia del colectivo al éxito a al fracaso, por lo que también tiene un valor predictivo.

Y es que la actitud puede ser negativa, y en vez de sumar esfuerzos se restan voluntades siendo esto la antesala de los fracasos colectivos.

Siempre se lo digo a mis alumnos y a mis jugadores: cuando el talento se iguala y cuando los recursos técnicos, tácticos, estratégicos son parecidos, consigue sus objetivos quienes más ahínco pone en conseguirlos.

Cuando surja la oportunidad , una buena actitud no la dejara escapar, y aunque nuestras capacidades no sean las mejores, nuestra predisposición y nuestra voluntad  nos pueden ayudar a conseguir nuestros fines y metas.

 

Por Akademos

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Entorno del jugador

Los padres, por lo que son y por lo que representan para niños, adolescentes y jóvenes, deben ser “cómplices” de la “aventura” deportiva de sus hijos y cooperar de manera equilibrada en la misma. Deben entender que la práctica deportiva es importante en la formación integral pero no lo único. Tienen que ser consciente de los beneficios pero también de los posibles perjuicios que prácticas mal orientadas o pervertidas en sus objetivos pueden originar en los chicos y chicas de estas edades. Los legítimos sueños y aspiraciones deportivas de los hijos no pueden convertirse en “pesadillas” de fin de semana.

Tienen que animar, motivar e ilusionar. Facilitarles el acceso y las oportunidades. Apoyarles, mostrar comprensión, y también el debido entusiasmo por los logros que consigan. De la misma forma tienen que lograr que el deporte se integre de la forma más adecuada en el resto de actividades de sus hijos y conciliar con  familia, estudios,  tiempo de ocio y  amigos. Y esto no es fácil, porque educar niños y niñas no es tarea fácil, y como bien dice Marina “se necesita toda una tribu”.

Los padres quieren que la actividad de sus hijos sea placentera, que se diviertan, pero además quieren que la actividad aporte vivencias positivas que favorezcan su desarrollo como personas y colaboren en la prevención de conductas “no deseadas”.

Los problemas aparecen cuando se exige a los hijos por e encima de sus posibilidades, se fijan metas muy altas o priman los resultados por encima de todo. Por el contrario, tampoco es bueno ser demasiado proteccionistas y ser siempre ”compresivos” ante la falta de compromiso, esfuerzo y sacrificio.

Son muchas las situaciones que surgen a lo largo de una temporada y que suelen ser motivo de discrepancias con los hijos, entrenadores e incluso entre los padres de un mismo equipo. Las relaciones con el entrenador y los compañeros; los que más juegan y los que juegan poco o nada; los resultados; las críticas; etc.

Es muy importante que los padres sepan cual es su rol y ejercerlo de forma efectiva.

Los padres no son entrenadores. Los chicos y chicas ya tienen el suyo. Cuando los padres se meten a entrenadores corremos el riesgo de tener “ más de un entrenador en el equipo” pero que “algún jugador se quede sin padre o madre”. La practica deportiva de los niños, adolescentes y jóvenes debe de ser un proyecto educativo compartido entre padres y entrenadores, teniendo objetivos comunes y compartiendo estrategias. Deben colaborar juntos para evitar los problemas, o para resolverlos cuando surjan.

El deporte es una actividad fundamental para educar, pero sobre todo es un derecho que todo niño y niña deben poder ejercer de la forma más adecuada sin que las malas prácticas, comportamientos y actitudes de los adultos implicados lo impidamos.

Está demostrado que cuando los chicos y chicas disfrutan y están motivados consiguen desarrollar al máximo su potencial como seres humanos. Son más felices. De hecho es una de las razones por la que los progenitores quieren, apoyan y facilitan al máximo las actividades deportivas de sus hijos.

Padres y entrenadores tenemos que hacer para que sea así y siempre sea así.

 

Por Akademos

 

Apoyar, aconsejar, orientar…a los hijos es fundamental en los padres de un deportista. Para el deporte y para la vida.