Archivos para marzo, 2013

Entrenador Ikea

Publicado: 14 marzo, 2013 en Palabras de entrenador
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Circula por internet un correo que hace referencia al concepto empresarial que desarrolla la empresa sueca Ikea. Concretamente, referido a su apuesta de vender muebles totalmente desarmados y dejar que sea el cliente quien los monte con ayuda de unas instrucciones más o menos comprensibles y con la ayuda de la siempre útil llave en forma de “S” que nunca me acuerdo como se llama. El anuncio en cuestión juega con la posibilidad de que la firma nórdica traslade su idea a la venta de coches. Inmediatamente se abre ante nosotros la imagen de un vehículo, o mejor dicho, de las miles de piezas que compondría un automóvil.

Viendo la imagen no puedo por menos que hacer un símil con la labor del entrenador de un equipo a la hora de configurar precisamente eso, un equipo.

Partiendo de unas piezas básicas debe de conjuntarlas y ensamblarlas para que, primero, conformen un conjunto armónico y equilibrado y, segundo, que funcione; es decir, que sea útil al propósito de obtener el máximo rendimiento competitivo en el deporte practicado.

Ikea, como decía al principio, te facilita unas instrucciones, los elementos y materiales para hacer las múltiples uniones y, sobre todo, la herramienta que posibilita la construcción del mueble en cuestión.

Las ventajas con respecto al trabajo de un entrenador son varias y muy significativas.

La primera es la idea global. El mueble a construir ya fue concebido y pudo ser contemplado de forma real o virtual. Los entrenadores  también partimos de una idea, de un modelo aproximativo. Lo que no sabemos  muy bien es si la lograremos plasmar y hacerla realidad. Transformar nuestra intención en  una acción continuada.

No hay una certidumbre sobre   si la “obra” final -a la que queremos llegar- se corresponderá con el número de piezas y demás elementos  puestos a nuestra disposición . No tenemos un manual con el que guiarnos. Cada equipo es único. Tenemos una un “esbozo” de lo que queremos; un proyecto a realizar yque irremediablemente estará sometido a los avatares del tiempo, expuesto a la incertidumbre… al azar. Faltarán piezas o no encajarán. Nos equivocaremos. Montar, desmontar…aprender y desprender. Muchos serán los retoques hasta encontrar un acabado aceptable, que no perfecto, porque la perfección no es más que una tendencia, un querer llegar de los entrenadores, un «por hacer» difícil de concretar y que perdure en el tiempo.

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Encontrar los elementos de unión que den fuerza y consistencia al conjunto será el reto más grande, tanto en lo técnico -hacer jugar al equipo-, como en lo psicológico, -darle la estabilidad necesaria para que rinda cada vez mejor. El entrenador deberá echar mano de su “caja de herramientas” y utilizarlas para motivar, cohesionar, dirigir y liderar al grupo que aspira a ser equipo. Lo hará muchas veces por ensayo y error: equivocándose, tanteando, experimentando hasta dar con la tecla. Recuerda que no hay libro de instrucciones y que este se escribe al mismo tiempo que se construye.

El resultado final no es fácil de adivinar. Se puede ir vislumbrando, e incluso adivinarse su posible funcionamiento. Incluso cuando  parece que hemos acabado, observamos “nexos” pocos sólidos, elementos defectuosos, malos acabados o piezas que no encajan. Habrá que improvisar y adaptarse. Se busca estética y funcionalidad, pero aveces debemos sacrificar   la primera por la segunda buscando el necesario y -sobre todo,- obligado pragmatismo que se impone inexorablemente en la competición deportiva (me refiero sobre todo, a la alta competición).

Otras veces logramos ambas cosas: un equipo que funciona unido y que además juega bien. Ejemplos recientes nos hablan de ello: el Barcelona en fútbol o la dos selecciones españolas de balonmano, masculina y femenina. Sin embargo no es fácil. No hay tantos equipos que logran su zenit y mayor momento de éxito dando la sensación de conjunto, de armonía, de presencia, y sobre todo, de perdurabilidad, aunque ésta sea engañosa. Todo tiene su caducidad.

Cada temporada, vuelta a empezar. La experiencia será un grado y nos ayudará, pero no garantiza el acabado. Nuevo prototipo, nuevo modelo, nuevas piezas, nuevas funciones, etc. exigirán otra vez toda nuestra atención. Hay que volver a “construir”. Solo que las piezas que los entrenadores manejamos son seres humanos, con toda la responsabilidad y dificultad, que hacerlo bien, nos exige.

Por Akademos

Hoosiers, más que ídolos.

Publicado: 9 marzo, 2013 en Videos

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Los  jugadores deben funcionar como uno solo. Ningún jugador es más importante que el otro. Equipo, equipo, equipo”.

Noman Dale, entrenador de Hickory, en la película “Hoosiers, más que ídolos”

 

Así termina Hoosiers, una de las películas que mejor refleja como se construye un equipo. Un viaje desde lo individual a lo colectivo que nunca acaba.

Basada en hechos acontecidos en 1954 nos cuenta la historia de un equipo de baloncesto que supo llegar a la final estatal. En relación con lo que sucedió en realidad, hay cambios sustanciales con el objeto  de adaptarla mejor al cine y lograr transmitir  intensamente la épica deportiva que “transpira”  por medio de sus personajes. Es por ello que algunos aspectos pueden resultar exagerados para la mayoría de espectadores , sin dejar de gustar. Sin embargo, para los que hayan hecho deporte, vivido el seno de un equipo o experimentado victoria y derrota , es creíble y te hace revivir recuerdos.Instantes.Momentos.

Hickory. Indiana, 1954.  Una población del interior del estado y un pequeño instituto, de esos que hemos aprendido a identificar a través de las películas y para los que sus equipos deportivos son su máxima expresión de identidad y pertenencia.

Los ojos, y sobre todo, la mirada de un nuevo entrenador, nos cuenta desde que llega lo que sucede alrededor del equipo de baloncesto del instituto. Un entrenador con pasado. Duro, exigente y obstinado. También impulsivo, introvertido y solitario. Pero sobre todo, un buen entrenador, que va a trasmitir a sus discípulos disciplina, esfuerzo,  confianza y orgullo. También baloncesto y como aprender a ganar desde el trabajo de equipo para los que  todos son válidos: altos y bajos; buenos y menos buenos. Durante el transcurso de la película se nos muestra la construcción de un equipo, desde el principio, cuando tan sólo es un proyecto de Norman, hasta el final, cuando es la realidad de todos: los jugadores, el instituto, los padres, ..todo el pueblo.

Es un viaje que han recorrido muchos técnicos. Del yo al nosotros. Del individuo al colectivo. Es una búsqueda permanente por encontrar la “magia” que tiene escondida todo grupo detrás de sus miembros, y que sólo se manifiesta cuando son capaces de jugar y trabajar juntos.

También es una historia de redención y segundas oportunidades.

Hay quien ha querido ver en la película paralelismos con la vida de un gran entrenador , Bobby Knight, precisamente de Indiana, el cual tuvo algunos problemas en sus comienzos y luego logró ser uno de los entrenadores más afamado de basket colegial  y universitario norteamericano. No tengo esa certeza. Lo que sí está claro en la película es que “el viejo entrenador” oculta su pasado y encuentra en Hickory una seg

unda oportunidad para redimirse de su pasado. Y no sólo él. También su ayudante en una lucha diaria contra el alcohol. Los jugadores que se van y vuelven. La estrella del equipo. La profesora, e incluso los padres, que añoran “lo que nunca sucedió” y depositan en sus hijos la esperanza de que realmente suceda.

Hay escenas memorables. No me refiero a la calidad cinematográfica, que pudiera serlo. Más bien a la carga emocional que contienes y lo que trasmiten en forma de enseñanzas y valores.

Algunos ejemplos.

El primer día de entrenamiento; la presentación del equipo antes de comenzar la temporada; el regreso del jugador “estrella” que no quería jugar; la llegada al pabellón de la final midiendo el campo y la altura de las canastas; la charla antes del último partido y muchas más. Dejo para el final el último tiempo muerto, ejemplo de confianza, de autoestima y de fe de unos jugadores en sí mismo y en lo que hacen.

Si a todo ello. Añadimos una buena banda sonora que acompasan las emociones; una buena escenografía y buenos actores, encabezados por Gene Hackman, tenemos una magnífica película de deportes, y sobre todo, magníficas lecciones para todos los que estamos de alguna forma implicados en él.

 

“Que tengas salud y te dediques a la filosofía e inclines a ella a los demás jóvenes; y saluda en mi nombre a los compañeros en el juego de pelota”.

Dionisio de Siracusa

Se dice y se escribe que el Balonmano moderno nació como deporte en el primer cuarto del siglo pasado, como evolución de otras modalidades deportivas parecidas y practicadas en Centroeuropa (Alemania y la República Checa).  Nacieron como  nuevas actividades para mejorar la educación física

Es por ello que hay que dar veracidad a un precedente anterior.

En 1898, Holger Nielsen, profesor de “gimnasia” en un instituto de enseñanza de Dinamarca, , introduce en sus clases un juego nuevo con un balón pequeño, al que se le llamó “Handbol”. Consistía en meter goles en una portería, de manera semejante al fútbol, pero manejando el balón con la mano ¿Te suena? Podríamos decir que Nielsen es el padre del balonmano moderno.

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¿Y si los griegos jugaban a balonmano?

Pero, ¿Y antes?. ¿Alguien práctico o jugó a algo parecido o que pudiéramos considerar los antecedentes del balonmano? ¿También ligado a la educaión y al entrenamiento físico?

Esta pregunta nos lleva irremediablemente a la Grecia antigua, cuna del deporte y como consecuencia, de los Juegos Olímpicos.

La idea más extendidas es que los griegos fundamentalmente practicaban deportes individuales y que los “agones” o deportes colectivos no existían. Sin embargo, ¡¡si que conocían!! lo que hoy llamamos  “trabajo en equipo”. Por ejemplo, sus famosas falanges, ideadas para mostrar en la batalla la unión de las capacidades individuales y lograr la máxima cohesión.

Leemos atentamente:

La idea de la falange en sí no es sólo militar, sino que es una expresión de comunidad entre iguales. Aquel que quisiera destacar(…) saliendo de la fila, ponía en peligro su vida al no tener compañeros que protegieran sus costados y, al mismo tiempo, ponía en peligro a la falange al dejar un hueco por el que puede ser rota la línea”.

 

Este texto podría formar parte del discurso de cualquier entrenador de balonmano o de un manual de dirección de equipo.

Volvamos al ámbito deportivo. Los historiadores nos cuentan que existieron los juegos de pelota en la Grecia clásica, y posteriormente en Roma. Estos juegos en la antigüedad grecolatina fueron muy valorados y se debió en buena medida a la idea, generalmente admitida también hoy día, de “que constituían ejercicios físicos muy completos, adecuados para el desarrollo armónico de todas las partes del cuerpo y aptos para hombres y mujeres de cualquier edad. Posteriormente, Galeno, nos deja afirmaciones como las siguientes:

“Los juegos de pelota deleitan el espíritu, relajan la mente y desarrollan la inteligencia, y son incluso adecuados para el entrenamiento militar, ya que –nos dicepreparan para las dos cosas más importantes que un estado encomienda a sus generales: atacar, y defender lo conquistado”.

Curioso ¿no? Cualquier partido de balonmano muestra rápidamente estas mismas intenciones colectivas de los equipos participantes: conquistar el balón, el espacio e impedir que lo hagan los contrarios.

Sin embargo, y a pesar de formar parte del programa educativo de los jóvenes griegos, estos juegos no formaron parte de los agones olímpicos, donde se valoraba el talento individual, el mejor atleta, por encima del colectivo. Podemos decir que esto redujo su importancia quedando enmarcados en las escuelas y academias y no obteniendo la fama que en la Grecia antigua alcanzaron el atletismo, la lucha, el pugilato o las carreras de caballo.

De todos los juegos de pelotas llama la atención uno de ellos, el Harpastón o phainínda por las similitudes que podemos encontrar con el balonmano actual.

Harpastón o phainínda

¿Qué sabemos de este juego? Empezaremos por el significado de la palabra, ya que nos dará algunas pistas sobre sus características. El término harpastón, significa “agarrar fuertemente” o “arrebatar por la fuerza”, lo que indicaría que un aspecto fundamental del juego consistía en apoderarse de la pelota arrebatándosela al rival, o lo que es lo mismo, ¡¡defensa!!

La otra palabra phainínda se relaciona etimológicamente con el verbo  “engañar” y significaría algo así como “juego del engaño” porque “en el transcurso del juego los jugadores “mostraban” la pelota a los adversarios y les hacían creer que la iban a enviar en una dirección, pero los engañaban y la enviaban a otro compañero o escapaban con ella en otra dirección” como hacen tan a menudo los jugadores actuales de balonmano, por ejemplo. O sea, que sabían “fintar”, engañar con la mirada, falsear las intenciones, o lo que es lo mismo, “jugar con inteligencia” y que forma parte de la táctica individual tanto ofensiva como defensiva.

También era un deporte de contacto y en mayor medida que el balonmano actual. Esto hace que muchos lo hayan considerado una especie de rugby. Nosotros entendemos que, tal como lo describen, puede ser perfectamente antecedente de ambos deportes

Terminamos con un pasaje de una comedia del poeta Antífanes, traducido libremente por el profesor Fernando García Romero del Dto. de Filología Griega y Lingüística Indoeuropea de la  Universidad Complutense, al que agradecemos no sólo esta última aportación, sino la mayoría de las informaciones en las que se basa este post.

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…cogió la pelota y disfrutaba pasándola a uno [un compañero], al tiempo que

esquivaba a otro [un rival]; a otro arrebató la pelota y a otro a su vez hizo

[faltal];  gritando con estridentes voces: ‘fuera, larga, a él, por encima de él, abajo,arriba, corta, devuélvela’[1]

                  Antífanes

                 Por Akademos


[1]Deportes y juegos de pelota en la antigua Grecia”

Fernando García Romero Dto. de Filología Griega y Lingüística Indoeuropea Universidad Complutense

 

Todo el mundo sabe que la selección española de balonmano masculina  ha ganado en los últimos años dos veces el Campeonato del Mundo y que nuestras mujeres han conseguido recientemente  la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos.

Lo han hecho jugando bien y han conseguido la admiración de todos. Siendo esto importante, además han conseguido otra cosa: transmitirnos lo importante que estar unidos; saber compartir; ayudar y dejarse ayudar; esforzarse juntos. Es decir, alcanzar el éxito jugando en equipo.

Cuando colaboramos y cooperamos con otros para conseguir un objetivo común aportamos nuestros conocimientos, nuestras habilidades, nuestras experiencias y las ponemos al servicio del colectivo.

Pero también nos beneficiamos de ello, pues aprendemos muchas cosas de los demás que nos hacen progresar y ser mejores. Incluso nos motiva a  esforzarnos y nos sorprendemos haciendo cosas que seríamos incapaces de hacer por nosotros mismos.

Se trata de conseguir hacer realidad un lema muy famoso: “todos para uno y uno para todos”, en un clima de confianza, de ilusión y de superación que nos hace progresar como individuos y como grupo.

Jugar en equipo en nuestra vida

No sólo se trata de jugar en equipo en el deporte. Hay muchas oportunidades de hacerlo en nuestra vida diaria.

Hay que  tratar de integrarse lo mejor posible y aportar en todos los ámbitos de relación en los que participemos y nos desenvolvemos. Diariamente  jugamos en varios equipos: nuestra familia, nuestros amigos, nuestra colegio, nuestra ciudad, nuestro país… Incluso la humanidad entera debería ser un equipo.

Para ello vuelve a ser importante nuestra actitud.

En los equipos deportivos un jugador puede limitarse a estar, quedarse sentado en el banquillo y mirar, o bien, participar activamente , levantarse y jugar. Es más divertido jugar.

Se trata de hacer lo mismo en “los otros equipos” a los que también pertenecemos. Compartir nuestro vida con otros y colaborar con ellos. Cuanto más lo hagamos más  daremos y más recibiremos, es decir, la esencia de jugar en equipo: aportar y recibir

Por ejemplo, si somos generosos con un familiar, compañero, un amigo  y le tratamos con respeto, nos hace mejores a nosotros y a él.

Es el caso de la selección española de balonmano o en el de tu equipo. Un buen trabajo en equipo, del que estamos tan necesitado en nuestras vidas, refleja la cohesión del grupo por encima de todo; la buena relación entre todos sus componentes; el compromiso con unas ideas y una forma de juego; la convicción de que lo que hacen es lo adecuado y lo hacen bien; la capacidad de adaptación en los momentos difíciles; dar valor al respeto, a la disciplina y al esfuerzo; solidaridad y generosidad dentro y fuera del terreno de juego; confianza en el que tienes al lado; etcétera.

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