Archivos para febrero, 2013

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Uno de los objetivos de la educación debe ser la modificación de ciertos estereotipos que están anclados en el subconsciente. Es el caso de la supuesta supremacía del hombre sobre la mujer que hemos heredado culturalmente y permanece incrustado en forma de “machismo latente”.

De nuevo el deporte se muestra como una herramienta fundamental para actuar en favor de la igualdad de géneros desde los centros escolares.

Podemos decir, que el deporte en tiempos pasados ha discriminado y sigue hoy discriminando, aunque de otras formas, a la mujer. Pero también es verdad que ha sido uno de los ámbitos donde antes, -en primer lugar-, se ha conseguido la concienciación y asunción del problema, y después, se han iniciado acciones concretas para avanzar hacia la igualdad. En la última década se ha conseguido un acceso progresivo de la mujer a la actividad física, un espectacular desarrollo del deporte femenino y numerosos éxitos deportivos relevantes obtenidos por mujeres extraordinarias. Prueba de ello, los éxitos conseguidos de las deportistas hispanas en los últimos Juegos Olímpicos, superando a los hombres en resultados, o la incorporación de mujeres en todos los equipos partcipantes.Todo ello debe englobarse dentro de las conquistas importantes conseguidas por las féminas en el último siglo.

En el año 2006, la Asamblea General invitó a los Estados Miembros, de forma específica, y por primera vez, a que pusieran en marcha programas de deporte que promovieran no sólo la igualdad entre los géneros sino también el “empoderamiento” de las mujeres:

“El entendimiento de que los programas de deporte pueden constituir un medio importante para promover la igualdad entre los géneros ha seguido ganando terreno, en particular desde que se estableció el Año Internacional del Deporte y la Educación Física”.

Las diferencias sociales entre géneros se han reducido precisamente por políticas de discriminación positiva, que han permitido un presente y, sobre todo, un futuro de igualdad más claro.

En el Club Balonmano Alcobendas desde el año 2000 asumimos estas premisas anticipadamente y pusimos en marcha un Plan cuatrienal denominado Mujer y Deporte. Hemos desarrollado dos (2000-2004, 2005-2009) y estamos en el cuarto (2010-2014).

Los planes se han concretado en diferentes programas y proyectos con tres ejes fundamentales:

  • Dotar de los mismos recursos y oportunidades a todos los jugadores y jugadoras de la Escuela, la Academia y campañas,  el Club de Balonmano.
  • Discriminar positivamente a favor de las niñas, chicas y mujeres hasta conseguir una efectiva igualdad dentro de la entidad.
  • Implicar al máximo a todos los estamentos del club para cambiar estereotipos, promoviendo campañas, fomentando la convivencia y favoreciendo las relaciones en igualdad y en armonía.

 

El gran objetivo era precisamente llevar a nuestro ámbito las recomendaciones en políticas de igualdad que han nacido en instituciones supranacionales como la ONU, la UE, etcétera.

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Es verdad que esto no se ha trasladado de forma real y todavía hay un gran camino por recorrer, en especial en el trato en los medios de comunicación, en el patrocinio de las empresas, en la asistencia de espectadores, en la valoración social de la práctica femenina, etcétera. Pero el avance es considerable y en la dirección adecuada. Las causas de que todavía el deporte femenino de alta competición no este a la altura en apoyos económicos está más relacionado con factores comerciales, publicitarios y de seguimiento popular y no porque no sea atractivo. Esto puede cambiar si, como las previsiones apuntan, son las mujeres el sector de población de mayor crecimiento en el consumo de deporte tanto televisivo como en directo, confirmando una tendencia que ya es realidad en la práctica de actividad física.

La participación en actividades físicas relacionadas con la salud, el ocio, la recreación, ha crecido espectacularmente y lo seguirá haciendo en el futuro. El aumento en número y variedad de las especialidades practicadas e incluso el acceso a muchas antes consideradas netamente masculinas y vetadas hasta hora, ha permitido abrir un amplio abanico de posibilidades.

Además de obtener los mismos derechos y oportunidades para realizar cualquier actividad, desde mi punto de vista, una de las cosas más importante conseguida es que la mujer haya podido beneficiarse de los efectos positivos de la práctica de actividad física para la salud. Igualmente se han derribado algunos mitos relacionados con la falta de fuerza, de capacidad o de mayor riesgo para ellas que incluso las ha hecho menos dependientes de los hombres.

La coeducación está presente en nuestros centros escolares y no hay, o no debería haber, diferencias de programación y de actividades entre chicos y chicas. Los  entornos de la clase de Educación Física y el deporte, de forma particular el balonmano,  son magníficos para una educación para la igualdad de género. Compartir, relacionarse, cooperar, jugar, competir, etcétera, conforman una atmósfera adecuada para que entre los alumnos y alumnas se fomente la convivencia y una percepción efectiva de la igualdad entre hombres y mujeres en la práctica deportiva.

La visibilidad social del deporte y su capacidad de movilización de las personas, debe ser utilizada como un magnífico vehículo para construir nuevas relaciones de igualdad, armonía y de equilibrio que pueden extrapolarse a otros ámbitos como la casa, la familia, el grupo de iguales, y más tarde, en la relaciones de pareja, en el trabajo, etcétera.

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Este es el ámbito donde muchos comportamientpos de épocas pasadas deben ser modificados en favor de la igualdad y en contra del sesgo heredado de valoración superior de lo masculino.

Para ello necesitamos como sociedad seguir progresando en cambiar ciertos estereotipos sociales; cambios en la planificación y gestión de las administraciones, federaciones y clubes; cambios en el tratamiento que hacen los medios de comunicación de la mujer en el deporte; un cambio de mentalidad en los patrocinadores(porque el deporte femenino también es atractivo). por romper barreras y facilitar el acceso y la promoción de la mujer en la competición.

Entendemos que esta es la mejor forma de contribuir a que las relaciones entre hombres y mujeres sean en condiciones de equilibrio, y que en este nuevo marco seamos capaces de terminar con lacras como las agresiones, la violencia, el maltrato y el asesinato de nuestras mujeres, y hacer efectivos y reales dos eslogan diferentes pero con un mismo objetivo “Ni una más” y “fin”.

 

En el Balonmano Alcobendas, en nuestra Escuela y en nuestra Academia,  creemos en ello.

 

 

Por Luis Carlos Torrescusa

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Piña-solidaridad_José cañeteSiempre he creído que en el deporte hay tres elementos fundamentales: aptitudes, actitudes y oportunidades.

 

Las aptitudes comprenden todas las competencias y habilidades que tienen los deportistas y que son mejorables por el entrenamiento. En el caso de los deportes de equipo, nos referimos a todas las capacidades y cualidades que tiene cada jugador como individuo y también a las que consigue el grupo, fruto de las sinergias del trabajo en equipo. Incluye todo el saber y el saber hacer individual y colectivo. Es el “poder” o “empoderamiento”.

La actitud tiene más que ver con la voluntad, el “querer” hacer. Una buena predisposición a jugar aumenta de forma muy significativa la concentración, la atención, la ambición y la motivación para conseguir los objetivos perseguidos. Es verse por adelantado haciendo las cosas con todas las fuerzas y sin ahorrar ningún esfuerzo. Depende de cada uno y, por tanto, se puede elegir.

La oportunidad surge en el transcurso de la competición. Puede tener un componente aleatorio pero también puede crearse. Uno puede estar esperando a que algo pase o por el contrario provocar que pase. La mayoría de las veces, unas buenas habilidades y la mejor de las predisposiciones para utilizarlas nos permiten estar preparados cuando surgen las oportunidades y, entonces, poder aprovecharlas.

De los tres factores mencionados, el más decisivo, desde mi punto de vista, es la actitud. Elegir y tener una buena actitud. Todos tenemos una buena actitud cuando las cosas van bien, cuando ganamos partidos, cuando somos los protagonistas y todo nos sonríe. Sin embargo: ¿Cuál es nuestra actitud cuando nuestro equipo va perdiendo, cuando los árbitros nos defraudan, los compañeros no lo hacen bien y fallan, o cuando el entrenador nos increpa o jugamos contra un rival al que consideramos de “antemano” inferior?

La actitud se puede elegir. Hay quienes optan por una actitud de compromiso, de entrega, de sacrificio, logrando sumar de forma exponencial las aptitudes de cada uno de los integrantes de su equipo para multiplicar las habilidades individuales y colectivas. Sin embargo, otros pueden confiar plenamente en sus capacidades, en su “poder”, y elegir una actitud cumplidora, relajada, confiada que puede mermar mucho el posible potencial del talento de una persona o un grupo.

Un equipo necesita el 100% de cada uno de sus integrantes. No se puede jugar al 40 %, al 50% o al 60%. Nunca se debe permitir que un jugador deje el 40 % de su talento, de sus ganas o de sus fuerzas en el vestuario o regule su actitud en función del adversario. De nada sirve ser el mejor o tener buenas competencias en cualquier tarea si no tienes toda la voluntad y la motivación por utilizarlas. Para poder primero hay que querer.

En un equipo de balonmano, la actitud también es colectiva. Al igual que existe sincronía y sinergias cuando hablamos de capacidades, también existen cuando hablamos del “querer”. En un equipo hay que conseguir que 1+1 siempre sea más que dos. Es decir, que la suma sea mayor que las partes. Pero a veces ocurre lo contrario, que la suma sea menor, que 1+1 sea incluso menos que dos. La actitud colectiva es una actitud compartida que influirá en los resultados de todo un equipo. Es más, una buena o mala actitud nos mostrará la tendencia del colectivo al éxito a al fracaso, por lo que también tiene un valor predictivo.

Y es que la actitud puede ser negativa, y en vez de sumar esfuerzos se restan voluntades siendo esto la antesala de los fracasos colectivos.

Siempre se lo digo a mis alumnos y a mis jugadores: cuando el talento se iguala y cuando los recursos técnicos, tácticos, estratégicos son parecidos, consigue sus objetivos quienes más ahínco pone en conseguirlos.

Cuando surja la oportunidad , una buena actitud no la dejara escapar, y aunque nuestras capacidades no sean las mejores, nuestra predisposición y nuestra voluntad  nos pueden ayudar a conseguir nuestros fines y metas.

 

Por Akademos

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Entorno del jugador

Los padres, por lo que son y por lo que representan para niños, adolescentes y jóvenes, deben ser “cómplices” de la “aventura” deportiva de sus hijos y cooperar de manera equilibrada en la misma. Deben entender que la práctica deportiva es importante en la formación integral pero no lo único. Tienen que ser consciente de los beneficios pero también de los posibles perjuicios que prácticas mal orientadas o pervertidas en sus objetivos pueden originar en los chicos y chicas de estas edades. Los legítimos sueños y aspiraciones deportivas de los hijos no pueden convertirse en “pesadillas” de fin de semana.

Tienen que animar, motivar e ilusionar. Facilitarles el acceso y las oportunidades. Apoyarles, mostrar comprensión, y también el debido entusiasmo por los logros que consigan. De la misma forma tienen que lograr que el deporte se integre de la forma más adecuada en el resto de actividades de sus hijos y conciliar con  familia, estudios,  tiempo de ocio y  amigos. Y esto no es fácil, porque educar niños y niñas no es tarea fácil, y como bien dice Marina “se necesita toda una tribu”.

Los padres quieren que la actividad de sus hijos sea placentera, que se diviertan, pero además quieren que la actividad aporte vivencias positivas que favorezcan su desarrollo como personas y colaboren en la prevención de conductas “no deseadas”.

Los problemas aparecen cuando se exige a los hijos por e encima de sus posibilidades, se fijan metas muy altas o priman los resultados por encima de todo. Por el contrario, tampoco es bueno ser demasiado proteccionistas y ser siempre ”compresivos” ante la falta de compromiso, esfuerzo y sacrificio.

Son muchas las situaciones que surgen a lo largo de una temporada y que suelen ser motivo de discrepancias con los hijos, entrenadores e incluso entre los padres de un mismo equipo. Las relaciones con el entrenador y los compañeros; los que más juegan y los que juegan poco o nada; los resultados; las críticas; etc.

Es muy importante que los padres sepan cual es su rol y ejercerlo de forma efectiva.

Los padres no son entrenadores. Los chicos y chicas ya tienen el suyo. Cuando los padres se meten a entrenadores corremos el riesgo de tener “ más de un entrenador en el equipo” pero que “algún jugador se quede sin padre o madre”. La practica deportiva de los niños, adolescentes y jóvenes debe de ser un proyecto educativo compartido entre padres y entrenadores, teniendo objetivos comunes y compartiendo estrategias. Deben colaborar juntos para evitar los problemas, o para resolverlos cuando surjan.

El deporte es una actividad fundamental para educar, pero sobre todo es un derecho que todo niño y niña deben poder ejercer de la forma más adecuada sin que las malas prácticas, comportamientos y actitudes de los adultos implicados lo impidamos.

Está demostrado que cuando los chicos y chicas disfrutan y están motivados consiguen desarrollar al máximo su potencial como seres humanos. Son más felices. De hecho es una de las razones por la que los progenitores quieren, apoyan y facilitan al máximo las actividades deportivas de sus hijos.

Padres y entrenadores tenemos que hacer para que sea así y siempre sea así.

 

Por Akademos

 

Apoyar, aconsejar, orientar…a los hijos es fundamental en los padres de un deportista. Para el deporte y para la vida.

 

El balonmano, debería ser lo menos importante de las cosas que verdaderamente nos importan; y lo más importante de la cosas que no importan.

 

Son muchos los factores que influyen en la formación de un jugador. Desde su potencial genético como base del talento deportivo, su entrenabilidad o la influencia del entono. Todos tienen un gran peso específico a la hora de desarrollar al máximo sus posibilidades, pues todos influyen muy significativamente en su personalidad , su educación deportiva y su preparación técnico-táctica.

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La presencia de tantas variables, su dinamismo y la cantidad de estímulos externos a los que se exponen los chicos y chicas requiere por parte de los que intervenimos en su formación un gran esfuerzo: exige “profesionalización”, por parte de todos los agentes implicados, incluido los padres.

Precisamente queremos hoy hablar del llamado “entorno cercano” del jugador. El contexto donde día a día cultiva su afición deportiva y desarrolla su talento. Un talento, que espera ser “descubierto” y puesto en valor, y que muchas veces, queda oculto o ensombrecido por causas que frustran, desmotivan y alejan a niños y niñas de lo que un día fue su pasión.

La atracción  natural de un niño o niña hacia el juego se produce prácticamente desde que nacen. Su interés: divertirse, disfrutar, pasarlo bien. Más tarde, la necesidad de mejorar, superarse o enfrentarse a otros añade la competición como nuevo catalizador de aproximación hacia las actividades deportivas.

Progresivamente se plantea una diferenciación entre los que la práctica deportiva es un elemento más de la educación y formación como personas, y aquellos, que impulsados por sus potencialidades  priorizan la mejora del rendimiento y su exhibición en la competición deportiva.

Los jóvenes que optan por dedicar una gran cantidad de tiempo a la mejora de sus capacidades con la finalidad de llegar algún día a la elite no lo hacen “solos”. Alrededor de ellos coexisten una series de factores que facilitan su evolución, o por el contrario, perturban su desarrollo en su tránsito de posible talento deportivo a deportista experto o de elite.

El volumen de entrenamiento, el tiempo de juego, la calidad de las tareas, el tipo de competición, la motivación, etc. serán factores determinantes.

De la misma forma  influirán en su evolución  todos aquellos agentes que conforman el contexto  habitual donde realiza su actividad:  los compañeros, la relación con el entrenador, las características del club, el centro escolar, los amigos, y por supuesto, los padres. Nos vamos a detener en ellos.

Dentro del entorno más próximo al joven jugador los padres pueden ser agentes muy beneficiosos o también muy perjudiciales. La mayoría ayudan a sus hijos, les animan, les llevan a entrenamientos y partidos, se integran en el club, favoreciendo de forma activa la construcción  del jugador. Pero también -otras muchas veces- someten a una presión desmesurada a los hijos. Por un a lado tiende a exagerar potencialidades y crear expectativas. Por otra parte desean revivir en sus hijos éxitos pasados o recuperar oportunidades perdidas. La idea de un hijo “campeón” se convierte en obsesión.

Esto puede tener consecuencias negativas en forma de  actitudes y comportamientos nocivos para el educando, presididos por una búsqueda de resultados prematura, ganar a cualquier precio o la reprobación en caso de no responder  a ”sueños” frustrados.

Amistad y deporte

Publicado: 6 febrero, 2013 en Palabras de jugador
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“Es algo inexplicable, nace sin ser planteado o siquiera por el deseo de que aparezca, tiene el sello de la perdurabilidad gracias a ello.

Nadie pide que se forme, solo nace ante nosotros y crece de forma repentina un sentimiento de afecto sincero capaz de hacernos sentir casi hermanos.

Es la forma en que comienzan muchas de nuestras relaciones ligadas al deporte, y cuanto mas dura sea la prueba mas se estrechan los lazos con nuestros compañeros de ruta,

siempre recordamos nuestros momentos difíciles donde con solo cruzar una mirada bastaba para sacar fuerzas del alma y seguir adelante”.

David-Blog “Rendirse jamás”

 

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Esta historia comienza hace ya algunos años, cuando un nuevo jugador ingresó en mi equipo. Su nombre era Dor Versano y era extranjero, para ser más exactos provenía de Israel. Al principio tardó en entenderse con todos ya que sabía poco castellano, pero dominaba el inglés, así que entre todos le ayudamos a aprender el idioma y, a la vez, él nos ayudaba a practicar el inglés . Sin embargo, yo desde el principio congenié con él, ya que compartíamos las mismas raíces culturales y, además, una pasión inmensa por el balonmano. Por desgracia para nosotros, ya que era un buen jugador y mejor persona, no acabó la temporada en nuestro equipo porque su familia se tenía que volver a su país natal por causa del trabajo de su padre. Gracias a Internet y sobre todo, a las redes sociales pude seguir en contacto con él.

Durante la temporada pasada me enteré que el “preeuropeo” de la categoría se disputaba en España, concretamente en Guadalajara, en el que participaría, además de nuestro equipo, Rusia, Bielorusia e Israel.

Lo comenté con mi amigo, y me contó que los sabía y que tenía una oportunidad de venir, lo que supuso una razón más para motivarme y seguir entrenando duro.

Mi esfuerzo diario en el entrenamiento fue recompensado con la convocatoria para el preeuropeo de mayo, clasificatorio para el campeonato de Europa sub-18 a disputar ese verano en Montenegro.

Estaba realmente emocionado ya que iba a ver a mi gran amigo después de unos cuantos años, aunque no jugaría contra él hasta la segunda jornada. Aunque tuve el placer de verlo jugar en el primer partido del torneo no pude saludarlo hasta el partido que nos enfrentaba.

Al día siguiente nuestro autobús y el de Israel llegaron al mismo tiempo al pabellón de Santa María de Guadalajara. Por fin pudimos darnos un fuerte abrazo. Fue un encuentro breve pues ambos estábamos concentrados para un importante partido. Si ganábamos estaríamos clasificados –el día anterior habíamos ganado a Bielorusia- y ellos se lo jugaban todo con nosotros.

A la hora de escuchar los himnos, se me puso “la piel de gallina” de las ganas y la emoción que tenía y aunque empezamos algo dubitativos , logramos sacar el partido adelante y clasificarnos para el Campeonato de Europa.

Finalmente, cuando se cumplieron los sesenta minutos reglamentarios y sonó la bocina del marcador, tras felicitar a mis compañeros, me fundí en un emotivo abrazo con mi gran amigo Dor, con el que por suerte pude seguir en contacto gracias a las nuevas tecnologías y redes sociales en la que veo fotos suyos con la camiseta de España: la que me cambió hace un año cuando el día que me enfrente a él.

 

Por Sebastián Kramarz

 

 

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Película Coach Carter

Coach Carter. Cuenta la historia de un instituto de un barrio marginal que tiene su equipo de baloncesto. En él desembarca un nuevo entrenador, un antiguo alumno del centro al que la vida ha sonreído. No deja de ser  una excepción, pues el futuro de los jóvenes del lugar es ser “carne de cañón” y gente con un futuro más o menos predeterminado: ser parias y ocupar los niveles más bajos de  eso que llamamos como “clases sociales” y con la que “clasificamos” a los seres humanos.

El nuevo Coach, desde un principio, tiene muy claro su gran objetivo: contribuir a la educación de los chicos por medio del deporte. En concreto el baloncesto. Utilizar el deporte como agente de trasmisión de hábitos y valores que sirvan a sus jugadores para ganar el partido más importante que jugamos: nuestras propias vidas. Exactamente lo que pretendemos con nuestra Academia de Balonmano.

Puede ser un argumento de numerosas películas pero hay novedades. Nada más llegar les hace firmar un acuerdo, a modo de “contrato pedagógico”, por el cual los alumnos se comprometen, además de a jugar, a mantener una media académica que les permita acudir a la universidad o, como mínimo, graduarse en los estudios y obtener una capacitación mínima. Esto es importante. Les inculca disciplina, esfuerzo y sacrificio no solamente en entrenamientos y partidos, también en el aula. Les enseña técnica y táctica, les hace crecer como jugadores con el propósito real de que mejoren como personas y tengan un futuro menos incierto. Les hace ver la importancia de conciliar la vida académica con la práctica del deporte.

Cuando los chicos no cumplen con lo pactado y son infieles a su compromiso, decide no dejarles jugar hasta que cumplan lo firmado. Su mensaje, meridianamente claro, choca con la incomprensión del centro, de los padres y de algunos de sus compañeros pero, sin embargo, recibe finalmente el respaldo de su equipo de “jugadores”, logrando su primera gran victoria: que los chicos entiendan y comprendan que hay cosas mucho más importantes que ganar o perder un partido de cualquier deporte.

Hay un partido más importante, el de la vida, y hay que prepararse  y capacitarse para que cada uno sea protagonista de la suya. No será fácil encontrar un trabajo, y menos aún, uno que nos  satisfaga y al que vayamos con vocación de aportar algo todos los días.

El deporte es una muy buena herramienta para aprender a luchar, a crecer, a avanzar; pero de la educación y la cultura para os hará libres y dueños de vuestro destino. Al igual que a los jugadores se les pide que controlen el ritmo de un partido, que controlen el transcurso del mismo, deben hacer lo mismo con sus biografías, escribiéndolas y siendo protagonistas. Y cuando las cosas no salgan, o se enfrenten a derrotas inesperadas, poseerán algunas vivencias para levantarse y seguir adelante. En la vida no hay ni vencedores ni perdedores eternos. Hay que aprender a sobrellevar los malos momentos y disfrutar de los mejores, que ¡¡los hay!!.

En la película, el partido final lo pierde el equipo protagonista por una canasta. En nuestra experiencia cotidiana se escapan oportunidades por pequeñas cosas o se alcanzan otras in extremis . El deporte es como la vida misma, y la actitud que elegimos ante ella es la que nos va a otorgar más o menos posibilidades. Éstas serán mayores si nos preparamos mejor. Eso es lo que nos dicen los minutos finales de la película. Perdieron un partido pero ganaron un futuro en forma de becas para universidades y continuidad en sus estudios, haciéndole un dribling al destino, que parecía escrito.

El Señor Carter llevó a su equipo a ganar su mejor campeonato: ser buenas personas y ser buenos ciudadanos es decir, comprometidos en mejorar su entorno próximo y el de la gente que conviva con ellos.

La educación a través del deporte es una gran herramienta, que en tiempos de incertidumbre, inestabilidad y desesperanza debemos utilizar.

La Academia de balonmano es por lo tanto una escuela de deporte pero también de preparación para una meta más importante: ser protagonistas y dirigir nuestras propias vidas, contribuyendo a nuestra felicidad y a la de los demás.

Por Akademos